Presentamos algunos apuntes del Dr. Pablo Levatte, médico especialista en Pediatría y Magíster en Ética Biomédica, en su paso por nuestro programa radial, “En Voz Alta” acerca de algunas consideraciones sobre rutinas de alimentación para niños, niñas y adolescentes.
UNA RUTINA PARA CADA FAMILIA
En relación recomendaciones de rutinas, lo primero que plantea el Dr. Levatte es que debe basarse en lo que sea más sano para esa familia. Porque si la dinámica de la familia son dos papás que trabajan todo el día y que tienen la posibilidad de compartir, por ejemplo, de 8 a 12 de la noche con ese hijo, y tal vez la rutina más sana para ese hijo sea dormirse a las 00.30. Y para otro niño, con una dinámica distinta de mamá y de papá y de los hermanos, lo clásico que vamos a proponer es que a las 21/21.30 ya esté durmiendo.
MENOS TERAPIA Y MÁS JUEGO
Explica Levatte que a veces en esta situación de la rutina se trata de marcar, sobre todo, espacios lúdicos que activamente uno quiera jugar o pueda llevarlo a alguna plaza donde pueda descargar, si es posible todos los días. Si la vida de esa familia da en la dinámica diaria, es oportuno hacerlo.
A veces se propone una terapia menos y un poco más de plaza. Porque la terapia tiene una connotación de un estrés, de una situación que se está dando en ese niño y a veces en la familia que la plaza a veces con algunos objetivos logra lo mismo y es menos estresante.
CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE LA ALIMENTACIÓN
En cuanto a una rutina saludable para las comidas, dice que es importante respetar los cuatro espacios de la comida (desayuno, almuerzo, merienda y cena). Donde se pueda, en un escenario ideal, una de las dos comidas principales, almuerzo o cena, se debe poder compartir con todos los integrantes de la familia. El momento de la alimentación en familia es extremadamente importante.
Los adolescentes que comen con su familia por lo menos una vez en el día tienen mucha mejor dieta, con mayor variedad de alimentos que los que no lo hacen según diversos estudios. Amén de todo lo que significa poder compartir una sobremesa de al menos algunos y poder hablar un poquito de lo que pasó en el día, o conversar.
Y después se suman dos colaciones, según la edad, a media mañana y a media tarde, y con un espacio de descarga físico que es el espacio que se pueda dar, y después eventualmente se irán sumando alguna que otra terapia según el día.
Dice que, según su opinión, una de las cosas buenas para plantear son esos platos con varios colores: un plato monocromático donde hay sólo carne es una lástima. Donde hay sólo pollo, es una pena. Ahí, explica, que nos estamos perdiendo el resto de los alimentos, como son las verduras y otros colores que también son muy ricos para los chicos.
Y en el caso de los que son de comer dos o tres platos, y a veces los papás están más contentos porque comen bien y son rechonchitos, guarda con eso porque es un hábito que se está instaurando.
Entonces, la verdad es que con un plato está bien, una ración adecuada. Empezamos a cuidar de alguna manera la organización de los alimentos, vamos marcando el concepto de saciedad, la importancia de decir “bueno, con esto está bien, si estoy lleno hasta acá estamos bien, no hace falta comer porque me gusta mucho dos o tres platos hasta que no pueda moverme”. Uno empieza a trabajar un poquito eso.
Cierra este tema con una frase de un jefe suyo en el Hospital Alemán: “Vos sentate a comer como si fueras a un restaurante. A vos te tocó una milanesa chica, ya está, no te vas a pedir otra milanesa, te tocó eso, listo”.