¿Cómo ayudar a que nuestros hijos/as puedan tomar sus decisiones y elegir?

Cada día decidimos a qué hora levantarnos, qué desayunar, programamos nuestras actividades, trabajo, los fines de semana. Elegimos qué ropa usar, qué comer. Casi nada queda librado al azar. Es necesario organizar y optimizar el tiempo del que disponemos. Lo más valioso. No se compra, no se consigue. Fluye y caminamos a su paso. Quizás la más maravillosa de las búsquedas son los amores: amistades, pareja, tener hijos. El acto de donación de amor más increíble y precioso.

Sabemos que un tsunami nos recorre cuando ese hijo/a tiene síndrome de Down. Decidimos de distintas maneras buscar lo necesario para acompañar su crianza. Pasamos el tsunami y nos permitimos empezar a disfrutar las sonrisas, los logros, la felicidad. Todo se va acomodando.

Pero corremos un riesgo: el de la sobreprotección. Mucho miedo: ¿podrá? ¿lo dejo? ¿le harán daño? ¿y si le pasa algo cuando no estoy a su lado?

Nos dimos cuenta de que el mejor regalo que podíamos darle a Leandro, nuestro hijo con síndrome de Down, y a sus hermanos Emilio y Lucía, sin síndrome de Down, era que fueran independientes, autosuficientes y, como aprendimos en el Programa de Vida Independiente de ASDRA: AUTÓNOMOS.

Así, comenzamos con “dejarlo” (sin nosotros, los papás) algunas horas con los abus, con los tíos. En un cumple. El primer campamento de la escuela. Un amigo de la familia que lo invita a cenar o al cine.

Sugerirle seleccionar la ropa, qué le gustaría comer, a dónde ir a pasear.  Mucha etiqueta por todos lados: con dibujos, con letreros que entendía: ropa de salir (nueva), ropa para todos los días (vieja), ropa de la escuela, para días de frío, para días de calor. Si llueve uso paraguas, botas.

¿Qué le gustaría como regalo a tu hermano? ¿A tu hermana? ¿A los abus, tíos, amigos, compas? ¿A la seño?.  Y si se puede, que haga una tarjeta, un dibujo, una canción.

(Siempre mostrando opciones)

Ayudarlo a pensar, esperar sus tiempos.

Nos acompaña al súper, a la tienda. Lugares ideales para repasar los colores formas y tamaños. Al kiosco de casa. Y un día, si se siente de ánimo, que pida solo/a algo: galletitas para la escuela, una botella de agua, y si se anima un poco más: que lo pague. Le avisamos al kiosquero. “Cómplice”.  Iniciar el camino.  Si viajamos en transporte público y usamos el “pase”, que lo comience a mostrar o que use la “SUBE”. 

Porque para dejar elegir, primero tenemos que armar una buena caja de “herramientas”.

Paso a paso, año tras año, lo vimos crecer y madurar.  Apostamos a que podía: ir al kiosco solo, encargarle que se acuerde de algo, que llame a alguien, entrar en un súper del barrio y que compre solo, si tiene que llevar una cosa que le pidieron en la escuela o en sus terapias. Cuaderno con recordatorios (agenda).  Uso de alarma para levantarse, o para marcar horarios de actividades. Planificar en calendarios. Tareas en casa: cortar el pasto, poner la mesa, tender la cama. Lavarse la ropa interior. Todas estas cosas (hábitos) permitieron que hoy diga: hay que cambiar las sábanas, no hay leche, ¿hacemos gelatina?, no hay más queso de rallar, necesito medias, voy a sacar la frazada, hace calor, tengo que comprar desodorante, dentífrico.

Las elecciones que más disfrutamos como padres: los fines de semana, no “para”.  Si no tiene baile, juntada o salida: ¡las inventa! Llama a sus amigos/as y organizan algo. Busca ropa “linda” para estar “guapo”.    

Hace poco vimos que esto de aprender a esperar los tiempos -en este caso, para tomar decisiones por cuenta propia y no guiado por nosotros- tuvo éxito:  Lean no participaba de los increíbles talleres artísticos de ASDRA. Insistimos hasta el cansancio, pero lo respetamos y no lo inscribimos. Este año, sin decirnos, se inscribió en el de dibujo. Supimos por los profes y por quienes organizan los listados.  (¡¡¡Gracias!!!)

Lean, como joven adulto tomó la iniciativa. Y nos comentó feliz que participaría de ese taller.

Esperar, dejar, confiar, fortalecer, dar las herramientas, creer. Soltar, dicen ahora. 

Lean anda comentando que quiere irse a vivir solo, como sus hermanos. 

¡Nada de síndrome de nido vacío! El día que salga de su pieza con una valija y se vaya a su nuevo hogar, será el más feliz de nuestras vidas.

Rumbo hacia nuevo nido.

Volando solo, o con amigos, o en pareja… como él DECIDA.

Por Liliana y Juan, miembros de ASDRA.

¿Cómo manejan el tema de las elecciones en casa? ¿De qué manera ponen en práctica la toma de decisiones?

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