Crianza respetuosa: ¿qué es y cómo llevarla a cabo?

Entrevistamos a la Lic. Carolina Mora, Psicóloga Perinatal, y hablamos con ella acerca de la crianza respetuosa. Compartimos algunos apuntes sobre este tema.

¿A qué llamamos crianza respetuosa?

Son términos que tienen muchos sinónimos o muchas formas de interpretarse, porque en distintas partes del mundo hay distintas teorías, se piensa diferente. Pero lo que implica para la Lic. Carolina Mora básicamente es entender a las infancias, a los niños y a las niñas, a la niñeces, como sujetos de derecho, como personas desde el momento de su nacimiento. Entender que tienen emociones, que les pasan cosas, que necesitan anticipación ante determinados cambios de rutina, que las decisiones adultas les afectan.

Mirar desde un lugar empático distintas situaciones de crianza que a veces, desde nuestra educación que llevamos arraigada, que atravesamos en la infancia, venimos de una cultura más adultocéntrica, donde el adulto lo dice y no se discute, y no se explican esas razones, o es “porque yo lo digo y ya está”, o se toman decisiones sobre el cuerpo y las emociones de las infancias de forma arbitraria, sin contemplar qué les gustaría a ellos. No porque los niños y las niñas vayan a tomar la decisión final, si no porque está bueno saber. Por ejemplo, un cambio de jardín, un cambio de colegio. La personita es la que va a ir ahí 5, 6, 7 horas. También está bueno saber si le gustaría, qué tipo de colegio le gustaría. Algunas cosas que a nivel de cada edad nos van pudiendo comunicar. A veces lo comunican desde el juego y es muy fácil darnos cuenta de que un lugar no les gusta o no se sienten cómodos, o al revés, están disfrutándolo.

Si observamos un poco más y salimos de nuestra propia conveniencia, de nuestra agenda de horario, que también hay que tenerla en cuenta, pero es el equilibrio entre lo que familiarmente es lo más conveniente y también lo que ellos quieren y necesitan. A veces no es dándoselos, sino validándolo: “bueno, yo sé que te gustaría hacer esto o aquello, pero te explico por qué no se puede y por qué considero que es mejor otra cosa”.

¿Podemos llevar adelante una crianza respetuosa desde que nacen?

Desde que nacen se puede, obviamente no va a ser de la misma manera que cuando tienen 4, 5 o 10 años. Tal vez es entender qué pasa con el cuerpo de los bebés. A los bebés se los pone, se los saca, se los lleva, están a upa de alguien y viene un adulto y se lo saca, y a veces ni siquiera piden permiso a la persona que lo tiene a cargo. Es esto: “te voy a hacer upa, voy a cambiarte el pañal”. Es pensar, “uy, este bebé está acá, en una reunión familiar, hay un montón de ruido, gritos”, y capaz que ese bebé se puede amoldar, y capaz que no la está pasando tan bien, o por ahí le podemos ofrecer un espacio más cuidado dentro de la misma reunión en donde no esté tan estresado ese bebé. Es desde ahí cuando son muy pequeñitos.

Pensar que a ese bebé le pasan cosas y no necesariamente yo como adulto tengo la verdad de lo que le sucede a ese bebé. A veces se dice que es llorón o que es irritable, y capaz que está estresado por algo que sucedió, capaz que tiene hambre. Es algo que le pasa. Esto de corrernos de ciertas etiquetas.

A la Lic. le parece que en la población de niños y niñas con discapacidad se escucha mucho esto de poner etiquetas a bebitos ‘porque son angelitos’, o ‘van a ser un niño para siempre’, o ciertas cosas que se romantizan y que limitan también entender que ese niño/a que llega acá, a este mundo, y tiene síndrome de Down o algún otro síndrome, quizás sí tenga un montón de características en común con otros bebés con ese diagnóstico o condición, pero no significa que no va a tener rasgos propios, y que tenemos que poder conocerlos y darles espacio a que se desarrollen y que se puedan expresar. Porque si nos cerramos, cerramos a esa personita, la encapsulamos en una creencia o en un prejuicio, y eso también es crianza respetuosa.

Los desafíos de las terapias y la estimulación: cómo respetar los tiempos

A veces se puede. Depende mucho también de la posibilidad de elegir ciertas cosas, de pararnos a pensar. Estamos con las corridas de los turnos, de los médicos, de la terapia siguiente, y la siguiente, y la siguiente, y ¿qué pasa cuando entramos en ese embudo? A veces las familias no pueden detenerse a pensar: ¿éste es el espacio para mi hijo, ésta es la terapeuta, podemos elegirla? Porque a veces nos atendemos con la terapeuta del hospital de la zona y es la única fonoaudióloga y bueno, es la que hay, y hay que ver de qué manera ese espacio es lo más amoroso posible para ese niño/a, y otras veces tenemos el privilegio de poder elegir y decir “me parece que con este terapeuta no está enganchando, siento que no está cómodo, llora todo el tiempo cuando está…”. Va a depender mucho de las posibilidades y los recursos, lamentablemente. Privilegios económicos, disponibilidad de recursos en las zonas diferentes. Pero eso es algo que pasa mucho.

A veces el terapeuta o la terapeuta se centra en un resultado, ‘que rinda tal cosa’, ‘que llegue a decir tal palabra’, y tal vez se pierde en el camino el bienestar integral de ese niño/a a costa de un resultado que a veces es más para el afuera que un logro individual de esa personita. A veces tiene mucho que ver con eso. Es un desafío, porque también tenemos que cambiar la mirada todas las personas, toda la sociedad tiene que cambiar la mirada, la escuela tiene que cambiar la mirada por sobre todas las personas en general, no sólo los niños y niñas con un diagnóstico tienen dificultades fonoaudiológicas o cognitivas. Entonces, si seguimos centrándonos solamente en los resultados y no en una mirada más integral, estamos armando un contexto bastante expulsivo para ciertas personas.

La profesional cree que es un desafío mucho más amplio que solamente lo que podamos hacer desde casa. Desde casa podés ver a tu hijo o a tu hija como un niño o una niña más allá del nombre que tenga su diagnóstico. Podemos desde casa anticipar qué cosas van a pasar en el día, no sólo agarrar, sacar y poner al niño de la terapia sin decirle nada, esto de “apurate, apurate que llegamos tarde”. Bueno, “mirá, ahora te retiré del cole porque tenemos que ir a la terapia, ¿cómo te fue en el cole?”, son pequeñas cosas que podemos hacer. Pasa también en las familias con niños sin diagnósticos. Sentarnos y mirarlos, y conectar realmente con esa personita que tengo adelante y con lo que le pasó, que es todo su mundo, que se peleó con un amiguito del cole, o que no lo dejaron jugar a tal o cual cosa. Son esas pequeñas cosas.

Sobrecarga y respeto en la crianza

La psicóloga cree que es difícil porque es como que estamos hablando de una persona teórica, como si todas las personas fueran iguales, pero hay que ver mucho cada etapa de la vida y cada persona, qué va necesitando y qué vamos pudiendo también nosotros, porque a veces con las terapias pasa esto de que viene haciendo una misma terapia desde los 2 años, tiene 17 y sigue haciendo, y capaz que esa terapia estuvo buenísima en ciertos años de la vida, y a partir de los 10 puede hacer otra cosa donde se ejerciten las mismas habilidades, o similares, pero que sea un juego de grupo, o un deporte, o una actividad artística.

Es difícil, porque todo el mundo nos dice que necesitan tantos apoyos que a veces entramos como en una máquina de hacer chorizos de meter 50 mil terapias, ¿y cuánto espacio hay para que ese niño juegue, para que ese niño se encuentre con otros chicos en la plaza, en una situación convencional?. Capaz que saben un montón de cómo responder con habilidades en las terapias, pero cuando se encuentran con situaciones más libres les faltan herramientas.

Es difícil, pero hay que intentar hacer un balance ahí en función de cada niño/a, de cada etapa.

No hay que dejar de considerar que son niños y niñas. Además de que tienen un diagnóstico o una condición genética, son niños y niñas. Y está bueno mirar eso, y ver de qué tienen ganas ellos, a qué les gusta jugar. También darle voz a eso.

¿Habías escuchado hablar de crianza respetuosa? ¿Cómo es la experiencia en casa?

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