Presentamos apuntes de la entrevista que le hicimos a Lucía Fainboim, especialista en ciudadanía y crianza digital.
Cuándo habilitar el uso de redes sociales y qué riesgos se corren
Las redes sociales no son espacios diseñados para niños y niñas, para infancias. Cuando uno habla con las personas de las propias plataformas en esta preocupación de “los chicos y las chicas están ahí”, dicen “bueno, en realidad, las plataformas, las redes sociales están pensadas para mayores de 14 años”. Y cuando pensamos que están pensadas para mayores de 14 años tiene que ver con que hay un diseño que está orientado no a las infancias y a lo que las infancias, los chicos y las chicas, necesitan. Hay algunos temas que nos empiezan a preocupar por este uso un poco precoz de las redes sociales en chicos que todavía no están en la adolescencia, si no que están transitando su infancia, o el momento del desarrollo que todavía no está necesariamente vinculado con la adolescencia, y que tiene que ver, por un lado, el acceso a contenido que no es apto para su edad, que no es propio para su momento del desarrollo y que no los pueden procesar.
Vemos, por ejemplo, como uno de los fenómenos más actuales, una adolescentización de las infancias. Es decir, chicas y chicos que están “spoileando” su desarrollo y están empezando a tener prácticas mucho más adolescentes, con consumos adolescentes, y que no es lo que necesitan en esa etapa del desarrollo, donde lo que necesitan es el juego, el juego libre, la libertad de movimiento, contenidos, historias, propuestas, que justamente promuevan ese tipo de vínculos.
Entonces, en lo que respecta a redes sociales en particular, todo lo que lo podamos atrasar va a estar bien. Sabemos que el ingreso está permitido a partir de los 14. Suelen decir que lo piden mucho antes. A mí no me gusta tener una mirada binaria de bien o mal. Hay familias que hacen lo que pueden, y que capaz el grupo ya está todo conectado y tampoco queremos que se queden afuera.
Entonces, si no me queda otra, por un lado es retrasarlo todo lo posible, y por otro lado, si vamos a permitir el uso de redes sociales, tener una estrategia de acompañamiento bien potente, donde el rol adulto esté muy presente porque hay que resguardarlos sabiendo que no son espacios aptos para estas edades.
Estrategia familiar para regular y sostener el uso de pantallas
Que una familia decida tener una estrategia de acompañamiento es un punto muy valioso. A mí me gusta comparar esta estrategia con la alimentación: que sea duradera. Si yo hasta ahora venía con rienda libre a las pantallas, le habilité todo, está todo el día con el celu, y mañana restrinjo, lo más probable es que me dure un día.
Entonces, una estrategia que sea acorde a la rutina y posibilidades de la familia. No me gusta tampoco pensar en esta idea desde un privilegio. No todas las familias tienen red de contención, no todas las familias tienen apoyo, ayuda, niñera, y por ahí estamos trabajando y necesitamos a veces las pantallas. Entonces, pensemos una estrategia que la podamos sostener, que sea realizable. Algunas cosas a tener en cuenta para el armado de esta estrategia:
Por un lado es la cantidad de tiempo de pantallas. Los organismos internacionales de salud recomiendan por evidencia científica que niños y niñas menores de 2 años no sean expuestos a pantallas, y que entre los 2 y los 5, un máximo de 1 hora. Si esto no suele suceder, tengámoslo en cuenta al menos para reducirlo lo más posible.
Eso es importante, pero no sólo eso, si no el tipo de pantalla. No son lo mismo las pantallas individuales. Acá sí hay que tener muy en cuenta esto. Cuando yo tengo que trabajar, o quiero un rato hacer algo y le voy a poner pantallas, la decisión de nuestra estrategia de acompañamiento es muy distinta si yo le pongo una película, un dibujito en la tele, a si le doy mi celular.
Está bastante comprobado que el uso de dispositivos individuales tiene diversos efectos tanto en la salud mental como física de los chicos y las chicas. A nivel físico, hay 40% más de casos de miopía porque están viendo muy de cerca. Sabemos que hay mucho trastorno postural. También sucede que al estar solitariamente usando Internet -no es lo mismo la tele donde pasamos y miramos lo que están viendo- empiezan a navegar. Entonces, aparece una publicidad y pueden cliquear, aparece un contenido recomendado, pueden cliquear. Y empieza un camino solitario donde es mucho más factible el acceso a contenido inapropiado, el contacto con personas desconocidas. Es mucho más difícil cortar. Está disponible todo el tiempo, puedo irme con el celu a cualquier lado a usarlo. No es lo mismo decir “esperá que llegamos a casa y ponemos una peli”.
Si podemos retrasar, restringir o limitar lo más posible el uso de pantallas individuales, mejor. Y si las vamos a usar, pensar cómo preparar ese uso. Es decir, te voy a dar el celular, pero restrinjo ciertos usos. Te voy a dar la Tablet, pero le saco Internet porque te descargué algunos jueguitos que son offline, entonces sé que mientras yo estoy trabajando o cocinando vos estás armando un rompecabezas digital, pero no me preocupo porque puedas estar entrando a ver un video o a hablar, o a buscar información en Internet.
Después hay una cuestión que está muy avalada por profesionales de la salud, que son los momentos del día. Interfiere mucho el uso de pantallas en el buen descanso. Eso aplica para nosotras, las personas adultas también. Está súper comprobado que la luz azul que transmiten las pantallas le da como la orden a nuestra cabeza de que es de día, entonces inhibe todo el proceso hormonal que tiene que ver con el descanso. Nos excita, nos sobreestimula, entonces sí está muy recomendado que en lo posible 2 horas antes de ir a dormir no vean pantallas.
También es importante que no esté asociado el uso de pantallas con la alimentación. A veces nos pasa que por desesperación porque no comen o lo que sea, les ponemos pantallas para ir enchufándoles la comida. Lo cierto es que quienes estudian estas temáticas vinculadas a la salud nos dicen que no hay un registro del momento de comer, de la experiencia sensorial que implica la comida. Entonces, preferiblemente que sea un momento compartido en familia.
Teniendo en cuenta la cantidad, la calidad, los momentos del día, hay una idea que para mí también es muy importante que es la diferencia entre excepción y rutina. Todas estas cosas que dijimos tienen que ser parte de nuestra rutina, pero la rutina incluye la excepción. Es decir, estoy en una fiesta, me invitaron a una fiesta de 15, es un día distinto y quizás necesito darle la pantalla para comer. La diferencia es si en casa todos los días come con pantallas. Hizo una pijamada, ¿no se puede dormir con la tele? Sí, el tema es si la rutina de sueño está vinculada a las pantallas.
Entonces, siempre la rutina va de la mano de la excepción, y explicitarla: hoy vas a ver una peli para dormir porque es un día especial, o por lo que sea. El tema es si ese es nuestro cotidiano.
Y lo último, que me parece que es lo más importante, es nuestra presencia. Hablar. Que no aparezca nuestro sermón cuando hay un problema, para bajar línea con el dedo acusador. Hablemos diariamente de lo que hacemos nosotros en Internet también, que no lo solemos hacer. Hablar de Internet, de nuestros usos, de qué les gusta. Hablar de lo positivo también, “qué divertido esto que hiciste, qué bien lo hiciste”.
Usamos mucho el teléfono, entonces es probable que cada vez que nos miran muchas veces digan “¿por qué está mirando ahí? ¿qué hay ahí que llama tanto la atención de mi papá, de mi mamá?”. Entonces, hablarlo, y por ahí si tenemos un día en el que estamos muy conectados, decirles: “hoy voy a estar mucho con el teléfono porque tengo un problema de trabajo”. Intentar generar también momentos familiares de desconexión. Puede ser, por ejemplo, en la cena no usamos pantallas, o antes de dormir todos bajamos un poco e intentamos generar momentos de conexión más genuina, donde demos un buen ejemplo sobre el uso de pantallas.
¿En casa ya habilitaron el uso de redes sociales? ¿Cómo es su experiencia? ¿Qué estrategias utilizan?